Sunday, April 01, 2007

Un instante.

La verdad es como la calidez del sol,
A veces se esconde y a veces nos martiriza,
Sin embargo, usualmente la extrañamos cada noche,
Al menos, un instante
Cuando los ojos no pueden ver mas allá de las titilantes sombras.

A veces, mientras caminamos en medio de las aceras,
Aquellas aceras que nos dicen que volveremos a casa cada velada
(Aquellas que también mienten y por la cual a veces estamos perdidos),
Observamos las siluetas pasar de todos los vivos,

De aquellos que movidos por su piel,

Y que pueblan este mundo lleno de matices,

Esos que nos dejarán en el olvido
Y que siguen marchando
En busca de sus propios sueños.

Si, aprovecho este insignificante momento,
En que las nubes grises traen el frío y el otoño,
Para saludar al viento
A la estúpida fragilidad de esta existencia,
Pues ha terminado un nuevo verano de esta vida,
Han terminado las calurosas sonrisas,
aquella alegría que se refleja en los ojos de los que amo.

Busco, porque soy un cazador de fortuna
Y porque no he encontrado el lugar y el motivo,
Porque quizás no he revisado mis pertenencias,
Porque quizás no he abierto los ojos
A la claridad que todos observan.
Por eso busco o porque me sentí perseguido
Por las siluetas de unos dioses que retozan en silencio
En verdad son los hombres disfrazados tras el ocaso.

Como la partida de la luz y su recuerdo,
Es así este momento,
No tengo mucho más que decir,

La experiencia se hace a través de la piel y su locura,
Excepto tal vez,
Aquella experiencia cuando la lluvia empieza a caer
Mientras las reminiscencias ríen con nuestro encuentro.

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